El mejor interrogador nazi no torturaba a sus víctimas: se hacía su amigo

Su nombre era Hans Scharff, y fue uno de los pocos interrogadores nazis -si no el único- que apostó por la amabilidad como método para sonsacar información a sus interrogados. En vez de torturarlos, como era costumbre, los trataba como un invitado de honor: les daba comida abundante, les acompañaba en paseos al zoológico o al bosque, e incluso les dejaba pilotar los cazas alemanes del campamento.

Tras esa conducta amistosa, sin embargo, se escondía una cuidada estrategia de un interrogador brillante. Scharff conseguía sonsacar información de más de un 90% de sus prisioneros, siendo uno de los interrogadores más exitosos de la Segunda Guerra Mundial. Y siempre rehusando usar la violencia con sus “invitados”.

hans scharff

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